El régimen camboyano ante el fantasma de la abstención

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Camboya se prepara de nuevo para unas elecciones dominadas por la represión de la oposición política y la más que probable victoria de Hun Sen, el dirigente asiático más veterano. El primer ministro camboyano, en el poder desde 1985, ha incrementado durante los últimos años el acoso a sus críticos acabando con cualquier atisbo de democracia en el país. Los comicios legislativos de este domingo 23 de julio tienen un claro ganador aunque la oposición se guarda una última baza.

En las pasadas elecciones legislativas, celebradas en 2018, la formación del primer ministro Hun, el Partido Popular de Camboya (CPP), en su día el partido comunista pro-vietnamita que ayudó a acabar con el régimen de los jemeres rojos y ahora transformado en una gerontocracia conservadora y nacionalista, logró el 76,9% de los votos y los 125 escaños que forman la Asamblea Nacional de Camboya tras reprimir a los medios y partidos opositores y disolver el principal partido de la oposición, el liberal Partido de Rescate Nacional de Camboya (CNRP). La formación opositora se había convertido en una auténtica amenaza para el régimen de Hun, especialmente tras lograr el 44,5% de los votos frente al 48,8% del CPP en los comicios legislativos de 2013 y un resultado similar en las municipales de 2017 pese a las numerosas irregularidades.

Desde entonces la debilitada oposición se ha organizado en torno al Partido Luz de una Vela del popular líder opositor Sam Rainsy. Como era de esperar el pasado mayo el gobierno prohibió a la formación participar en las elecciones por un tecnicismo. En los comicios municipales del año pasado la oposición logró superar el 22% de los votos pese a la represión del régimen. Además del CPP otros 17 partidos minoritarios participarán en los comicios aunque son formaciones cercanas al régimen, entre ellas el histórico partido monárquico FUNCINPEC (Frente Unido Nacional para una Camboya Independiente, Neutral, Pacífica y Cooperativa) y su escisión el Partido Nacional Unido Jemer (KNUP).

Ante este panorama la oposición ha optado por llamar a la abstención o al voto nulo a través del cual pretenden medir el nivel de rechazo popular del régimen. El gobierno, sorprendido por esta estrategia, ha respondido aprobando una ley que prohibe a aquellos que no voten en estos comicios el poder ser candidatos en las próximas elecciones. El líder opositor en el exilio, Rainsy, ha sido condenado a no poder ser candidato en unas elecciones durante los próximos 25 años por apelar al voto nulo. También ha quedado prohibido por ley destruir una papeleta electoral, varios miembros de la oposición han sido detenidos por pedir a los votantes estropear sus papeletas para que sean consideradas nulas.

Se espera que tras estas elecciones se produzca un gran relevo dinástico en el régimen camboyano y que el septuagenario primer ministro dé paso a su hijo, el general Hun Manet. Este reemplazo se extendería al resto del gobierno, con los jerarcas del partido a cargo de los ministerios y las principales instituciones del país siendo sustituidos por sus vástagos. La gran incógnita de si el régimen sobrevivirá al propio Hun explica el gran nerviosismo con el que el gobierno afronta estos comicios y el fantasma de la abstención, pese a que sobre el papel no hay ningún partido opositor que les pueda arrebatar el poder.

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