Macedonia del Norte inicia nueva etapa política pero con el mismo reto, la adhesión a la Unión Europea

El parlamento macedonio aprobaba el pasado 16 de enero el nombramiento del nuevo Primer Ministro del país, el socialdemócrata Dimitar Kovachevski, elegido para pilotar la que esperan sea la última etapa en su largo camino hacia la adhesión a la Unión Europea. Enclavado en plenos Balcanes, Macedonia, «del Norte» oficialmente desde los acuerdos de Prespa con Grecia, ha sufrido y sufre una crónica inestabilidad política, tanto por su propia complejidad nacional, como por los históricos conflictos a los que se ve arrastrada por su compleja vecindad. Desde su independencia en 1991 de la extinta Yugoslavia, Macedonia del Norte se ha visto sacudida por numerosas crisis políticas, algunas la han acercado al abismo de la guerra civil, pero sin embargo el país ha sobrevivido hasta ahora y con una posición destacada de entre los estados, en su mayoría balcánicos, que aspiran a adherirse a la Unión Europea.

La llegada de Kovachevski al poder zanja, al menos de momento, la enésima crisis política del país, exacerbada tras el acuerdo de Skopje con Atenas para cerrar de una vez por todas el contencioso que durante décadas había agriado las relaciones entre ambos países y que tenía en el nombre oficial de Macedonia la principal manzana de la discordia. Los acuerdos de Prespa entre el por entonces primer ministro griego Alexis Tsipras y el macedonio, Zoran Zaev, suponía la matización del nombre oficial del país balcánico, que pasaba de ser Macedonia a añadir «del Norte», renunciando a un hipotético irredentismo sobre el norte de Grecia, que también comparte el mismo nombre. Un acuerdo que allanaba el camino del país a la UE, además de mejorar las relaciones con su importante vecino del sur, pero que tocaba la fibra sensible de un nacionalismo macedonio siempre presente en la política del país. El anuncio de la dimisión de Zaev en diciembre tras los malos resultados de los socialdemócratas en las elecciones municipales de octubre, no sin antes llegar a un acuerdo que ampliaba la coalición de gobierno que por tanto garantizaba la estabilidad política tras su marcha, cierra una intensa etapa en la política macedonia.

El nuevo primer ministro, también del mismo partido de Zaev, el socialdemócrata SDSM, bajo cuyo gobierno fue viceministro de Finanzas, comienza con buen pié en dos sentidos. Goza de una mayoría parlamentaria indispensable para frenar cualquier intento de moción de censura por parte de la derecha conservadora envalentonada tras la victoria en las elecciones municipales. Ya lo intentaron en noviembre en una fracasada moción de censura que sólo hizo que la mayoría gubernamental aumentara su cartera de socios parlamentarios. Por otro lado, el nuevo gobierno búlgaro, otro de los países con los que Macedonia del Norte tiene pendiente cerrar rencillas que se arrastran no sólo durante décadas si no durante siglos, se muestra más abierta al dialogo y a la llegada a acuerdos tras el cambio de gobierno en Sofía, indispensable para llegar a un acuerdo entre las dos naciones para sortear el penúltimo obstáculo en el arduo camino hacia la integración europea.

El primer Ministro saliente, Zoran Zaev, da la bienvenida al entrante, Dimitar Kovachevski

Exigua pero suficiente, Kovachevski cuenta con una mayoría parlamentaria de 62 escaños sobre los 120 que forman la Asamblea unicameral del país. La adhesión al bloque gubernamental liderado por los socialdemócratas del pequeño partido de la minoría albanesa Alternativa y sus cuatro diputados el pasado noviembre supone cierto alivio teniendo en cuenta además que los conservadores del VMRO-DPMNE ganaron las últimas elecciones municipales y están ansiosos por la convocatoria de comicios anticipados. En la votación del 16 de enero Kovachevski tuvo el apoyo de los 62 diputados de los partidos que forman la coalición de gobierno . El precio a pagar por la lealtad de las formaciones minoritarias con una mayoría tan apretada se puede ver en la composición del nuevo gobierno: pese a que los socialdemócratas son 40 de los 62 diputados de la coalición sólo ocupan 12 de los 21 ministerios, el resto están repartidos entre los socios minoritarios, seis a la Unión Democrática para la Integración y tres a Alternativa (teniendo sólo 4 escaños), ambos partidos defensores de los intereses de la minoría albanesa, aproximadamente el 25% de la población. Kovachevski espera de esta manera garantizar la estabilidad durante el resto de la legislatura, al menos hasta las elecciones de 2024.

El gran reto del nuevo gobierno es, emulando los acuerdos de Prespa con Grecia, entenderse con Bulgaria para poder avanzar en la integración europea. Sofía, que siempre ha defendido que Macedonia está ligada históricamente a la nación búlgara, exige que Skopje reconozca las raíces búlgaras del idioma y la nación macedonia. La composición del nuevo gobierno búlgaro, más moderado y con una menor intensidad del elemento nacionalista que con Boiko Borísov, podría ser un factor que facilite la llegada a un acuerdo. Pero la realidad es que desde noviembre de 2020 Bulgaria ha vetado la entrada de Macedonia en la UE y el nuevo primer ministro bulgaro, Kiril Petkov, no ha rectificado por ahora pese a llevar más de un mes en el poder. Petkov, adoptando una postura más dialogante que sus antecesores, ha propuesto la creación de grupos de trabajo sobre varias materias conflictivas entre los dos países que culminen seis meses después en un acuerdo. Pero Petkov no es la única voz que habla en nombre de Sofía sobre este tema, el Presidente búlgaro, Rumen Radev, reelegido en las urnas el pasado noviembre, ha adoptado una postura más beligerante, exigiendo que los macedonios incluyan a los búlgaros en su Constitución, algo que Skopje no está dispuesta ni a considerar. Macedonia del Norte está por tanto siendo el primer gran conflicto de poder en Bulgaria entre el nuevo Primer Ministro y el Presidente, aunque las últimas declaraciones sobre el tema podrían indicar que Radev se estaría acercando a las posturas de Petkov.

Otros de los retos a los que tendrá que hacer frente el nuevo Primer Ministro son el elevado precio de la energía, la crisis sanitaria, el aumento del salario mínimo, la endémica corrupción y hacer frente a la exigencia de los socios minoritarios del gobierno de cambiar el sistema electoral para que sea más representativo, eliminando los 6 distritos electorales actuales y sustituyéndolos por una sola circunscripción nacional.

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