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Los húngaros dejan plantado en las urnas a Orbán

El domingo 2 de octubre los húngaros estaban convocados a las urnas por el gobierno del ultraconservador Fidesz para decidir si aceptaban o no las cuotas de refugiados establecidas por la Unión Europea. Se trataba de la última medida llevada a cabo por el primer ministro Viktor Orbán en su particular cruzada contra Bruselas y el acuerdo tomado en el Consejo Europeo en mayo de 2015 donde los 28 estados, ahora 27, se debían repartir los más de 160.000 refugiados llegados a costas europeas procedentes de zonas de conflicto, principalmente Siria y Afganistán. Orbán, líder conservador del país desde 2010 y que paulatinamente ha adoptado el discurso populista y nacionalista tan en boga en muchos países europeos, especialmente los del Este, ha querido de esta forma plantear un órdago a Bruselas a la vez que capitalizaba electoralmente el discurso de rechazo hacia los inmigrantes, muy extendido entre la población húngara. A menos de dos años de las elecciones legislativas, están previstas para primavera de 2018, no hay que olvidar que el principal rival del Fidesz es el ultranacionalista Jobbik, cuyo crecimiento electoral podría poner en peligro la ansiada mayoría de dos tercios del parlamento húngaro.

14560078_10155284462569307_3188734676555804138_oDesde que en 2015 se produjera la crisis de los refugiados, Orbán se ha erigido como uno de los mayores críticos de los planes europeos de acogida. Ya en mayo levantó una valla de 175 km de alambre de espino y puso a 8.000 policías y militares a vigilar la frontera con Serbia. Dese entonces ha utilizado el discurso anti-inimigración para tapar los grandes problemas de su gestión y seguir disfrutando de una amplia mayoría en las encuestas. Teniendo en cuenta que en las elecciones de 2014 obtuvo un 44,9% de los votos frente al 25,6% de la ultraderecha, durante la primera mitad de 2015 el partido de Orbán se movía en el 37-44% de los votos frente al 26-28% del Jobbik. Desde que adoptó el primer ministro una postura más contundente en su rechazo a los refugiados el Fidesz se mueve en las encuestas en torno al 45-50% y el Jobbik en el 18-23%. Orbán por tanto ha logrado camuflar los malos datos económicos, con un tercio de la población bajo el umbral de la pobreza, la corrupción política y la emigración (!) por los bajos salarios, con un discurso que además le ha permitido restar apoyos a su principal competidor electoral.

Hungría y los países de Visegrado (República Checa, Eslovaquia y Polonia) han sido los más contrarios a la política europea de acogida, capitaneada por la canciller alemana Angela Merkel. El reparto de refugiados establecido por el Consejo Europeo no fue por consenso si no que se votó y Hungría y Eslovaquia han llevado esta decisión a la Justicia europea. Según este reparto Hungría tan sólo tendría que acoger a 1.294 refugiados de un total de 160.000. Cifra insignificante pero que ha levantado ampollas en un país homogéneo y de gran mayoría católica donde sólo hay 5.600 musulmanes según el último censo de 2011. Durante 2015, el peor año de la crisis, cerca de 400.000 refugiados han cruzado el país, de los cuales la inmensa mayoría solo buscaban llegar a Alemania o Austria. En cambio este año tras las medidas de seguridad impuestas por el gobierno, sólo han entrado de forma ilegal en el país 18.000 personas. Además Hungría ha sido uno de los países con un mayor porcentaje de rechazo de solicitudes de asilo, un 80%.

a_magyar_ketfarku_kutya_part_nepszavazasi_plakatjainak_egyikeLa consulta celebrada el 2 de octubre giraba en torno a una pregunta “¿Quiere que la Unión Europea pueda decidir sin el consentimiento de la Asamblea Nacional sobre el asentamiento de ciudadanos no húngaros en Hungría?” que aludía a los dos grandes temas que le interesaba “remover” a Orbán: reivindicar la soberanía nacional frente al elitismo de Bruselas y acaparar el discurso anti-inimigración. El Fidesz y Orbán como primer ministro hicieron clara campaña por el NO, al igual que el ultraderechista Jobbik. Se estima que durante la campaña el gobierno ha gastado unos 38 millones de euros en la consulta (16 millones para montar la consulta y 22 en la propia campaña). Los partidos del centro-izquierda, conscientes de que hubiese sido impopular defender a Bruselas y las cuotas de refugiados en un país tradicionalmente hostil a la inmigración apostaron por la abstención con la clara intención de que la participación no alcanzase el 50% y por tanto la consulta no fuese válida, que fue lo que finalmente ocurrió. Sólo dos partidos de la oposición participaron en la campaña. A favor del SÍ se posicionó el Partido Liberal Húngaro, con 1 sólo diputado en la asamblea húngara. Defendiendo el voto nulo ha aparecido el partido satírico “Perro de las dos Colas” surgido como crítica cómica al Fidesz y el gobierno de Orbán y que ha acaparado buena parte de la atención mediática durante estos días, lo que les puede servir de plataforma de cara a las próximas elecciones.

Finalmente la participación fue del 43,35% (34,7% en la capital, Budapest) lo que, al no alcanzar la barrera del 50%, invalidaba el referéndum, dando un cierto alivio a Bruselas y a la oposición contraria a la consulta. Sin embargo un 98,3% de aquellos que fueron a las urnas, es decir, 3,28 millones de ciudadanos húngaros, votaron en contra de las cuotas de refugiados avalando la postura del gobierno de Orbán, lo que ha sido aprovechado por el gobierno para vender la consulta como un gran éxito pese a no haber alcanzado la participación requerida. La cifra coincide casi al milímetro con los 3,28 millones que en 2014 votaron o bien a Fidesz o bien a Jobbik por lo que podemos afirmar que Orbán logró un gran éxito de movilización del electorado conservador y ultra, aunque sin embargo no ha logrado llegar más allá, por lo que la estrategia de defender la abstención por parte de la oposición progresista habría sido la correcta. Apenas 55.000 electores, o el 1,67% de los que votaron, optaron por el SÍ en la consulta, lo que podría suponer en unas elecciones un 1% de los votos. Sin embargo se han contabilizado hasta 223,254 votos nulos, buena parte de los cuales podrían deberse a la campaña llevada a cabo por el partido “Perro de las dos Colas”.

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Ante estos resultados el gobierno se ha auto-arrogado el éxito aunque desde la ultraderechista Jobbik han pedido la dimisión de Orbán ya que a pesar del contundente resultado, argumentan, la baja participación debilitará la voz de Hungría en Bruselas. Orbán, tras conocer los resultados y obviando que no se haya alcanzado el 50% de la participación, ha anunciado que reformará la constitución para que la UE ya no pueda imponer la acogida de refugiados a Hungría, reforma que también apoyaría el Jobbik, aunque la competencia en materia de asilo recae en la UE y viene regulada en los artículos 78 y 80 del TFUE. Orbán podría aprovechar el “momentum” para adelantar las elecciones previstas para 2018.

El primer ministro húngaro ha aprovechado para recordar que en el referéndum de 2003 sobre la adhesión del país a la Unión Europea sólo participo el 45,6% de los electores de los cuales un 83,8% votó a favor. Es decir, que más húngaros han votado en contra de las cuotas de refugiados (3.282.723) que a favor de entrar en la UE (3.056.000). Entonces en 2003 el resultado fue válido ya que la ley establecía que para que un referéndum fuese válido tendría que alcanzar una participación del 25%, en 2011 paradójicamente el gobierno Orbán subió la barrera hasta el 50% para evitar que pudiese perder consultas populares contra su gestión.

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